Callos y ampollas: por qué salen y cómo cuidarlos
Caminar mucho, estrenar zapatos o usar un calzado que aprieta puede dejarte la piel dura… o una ampolla que arde al primer paso. Callos y ampollas no son lo mismo, pero casi siempre comparten causa: roce y presión. Aquí te explicamos qué son, cómo cuidarlos y cuándo conviene una revisión.
1. Callo o dureza: piel que se refuerza.
Un callo (o dureza) es piel que se engrosa para protegerse del roce o de la presión repetida. Sale donde el zapato fricciona o donde cargas más peso al pisar: talón, planta delantera, costados de los dedos. No se contagia. Si la causa sigue ahí —zapato estrecho, suela dura, mucho caminar—, la dureza vuelve.
2. Ampolla: líquido bajo la piel.
La ampolla aparece cuando el roce es más intenso y rápido: la capa superior de la piel se separa y se llena de líquido claro. Duele, quema y a veces se abre. Es frecuente al estrenar zapatos, en caminatas largas o con calcetines que se arrugan. Si la ampolla se infecta (enrojece, aumenta el dolor o sale pus), necesita atención.
3. Por qué salen: roce, presión y calzado.
Zapatos nuevos o de talla incorrecta, tacones, suelas rígidas, calcetines húmedos o con costuras, y actividades con mucho impacto (correr, caminar mucho) aumentan el roce. El calor y el sudor hacen que la piel se ablande y se lastime más fácil. Ajustar el calzado y la humedad del pie suele ser el primer paso para que no se repitan.
4. Cómo prevenirlos.
Elige zapatos de tu talla, con espacio para los dedos y buena sujeción del talón. Estrena el calzado poco a poco; en caminatas largas usa calcetines técnicos o de algodón que no hagan arrugas. Mantén los pies secos e hidratados (piel seca se agrieta; piel muy húmeda se macera). Si un zapato siempre te deja la misma marca, no lo “acostumbres”: cámbialo o usa protectores de gel donde roce.
5. Lo que no conviene hacer en casa.
No cortes callos con navaja, tijeras o “tijeritas de cutícula”: puedes herirte e infectarte. Evita limar a fondo o usar parches y líquidos quitacallos sin orientación: pueden quemar la piel sana. En ampollas, no las pinches “porque sí”; si se abren solas, limpia con cuidado, cubre y no uses el mismo vendaje húmedo días seguidos. Si vives con diabetes o mala circulación, no manipules durezas ni ampollas en casa.
6. Cuándo ir al podólogo.
Si el callo duele al caminar, vuelve una y otra vez, o la ampolla es grande, se infecta o no cicatriza bien, pide una revisión. También si no estás seguro de qué es o si tienes diabetes: cualquier herida en el pie merece valoración profesional. En consulta se alivia la presión, se cuida la piel y se revisa el calzado para que el problema no se repita.
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