Los hongos en las uñas y el pie de atleta son muy comunes, pero cuando hay diabetes conviene tomarlos más en serio. La piel del pie suele estar más seca, la circulación puede ser más lenta y la sensibilidad baja poco a poco. Así, una grieta pequeña causada por un hongo puede pasar desapercibida y complicarse. La buena noticia es que con hábitos sencillos y revisiones a tiempo se pueden prevenir y controlar.
1. Por qué aparecen más con diabetes.
Los hongos crecen donde hay humedad y calor, como entre los dedos o dentro del zapato. Cuando la glucosa se mantiene alta, las defensas de la piel trabajan con más dificultad, y la mala circulación hace que el pie se recupere más lento. Por eso un hongo que en otra persona sería una molestia, en un pie con diabetes merece atención.
2. Señales en las uñas.
Fíjate si alguna uña se vuelve amarilla, blanca o café, se engrosa, se desmorona en las orillas o se despega de la piel. Una uña gruesa también puede presionar el dedo dentro del zapato y lastimar sin que lo sientas. Si notas cualquiera de estos cambios, no esperes a que avance.
3. Señales en la piel.
Entre los dedos el hongo suele verse como piel blanca, húmeda o partida; en la planta, como descamación, resequedad o comezón que no se quita. Esas grietas son pequeñas, pero son una entrada para las bacterias. Si además ves enrojecimiento, calor, hinchazón o salida de líquido, busca atención médica pronto.
4. Hábitos que los mantienen lejos.
Lava tus pies a diario con agua tibia y jabón suave, y sécalos muy bien, sobre todo entre los dedos. Usa calcetines limpios de algodón o de materiales que dejen respirar, cámbialos si sudas y alterna tus zapatos para que se sequen. En regaderas públicas, albercas o gimnasios, usa sandalias. Hidrata la planta y el talón, pero no entre los dedos.
5. Lo que es mejor no hacer en casa.
No cortes ni limes uñas gruesas con herramientas caseras, no te quites piel con navajas y no te pongas remedios fuertes como vinagre, cloro o pomadas sin indicación. Con poca sensibilidad es fácil lastimarse sin darse cuenta, y una herida tarda más en sanar. Deja ese cuidado a un especialista.
6. Revisión diaria y control.
Revisa tus pies todos los días, con buena luz y un espejo para la planta. Mantener la glucosa en control con tu médico ayuda mucho a que la piel y las uñas se defiendan mejor. Y acude a revisión podológica con regularidad, aunque no tengas molestias: detectar un hongo al inicio hace que el tratamiento sea más sencillo.
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