La sensibilidad de tus pies es una alarma que trabaja todo el día: te avisa si el zapato aprieta, si pisaste algo o si el agua está demasiado caliente. Con la diabetes, esa alarma puede apagarse poco a poco sin que te des cuenta, y una pequeña herida puede pasar días sin que la notes. Saber reconocer las señales a tiempo ayuda a proteger tus pies.
1. Por qué puede bajar la sensibilidad.
Cuando el azúcar en la sangre se mantiene alta por mucho tiempo, los nervios de los pies se pueden dañar. Es un cambio lento y casi siempre empieza en los dedos. Por eso es común que la persona no lo note hasta que ya hay una ampolla, una rozadura o una herida.
2. Señales que no debes ignorar.
Hormigueo, ardor, sensación de "pies dormidos" o como si caminaras sobre algodón. También calambres o dolor en la noche, o al revés: no sentir bien el piso, el calor o el frío. Si notas cualquiera de estos cambios, coméntalo con tu médico y en tu próxima revisión.
3. Lo que pasa cuando no sientes.
Una piedrita dentro del zapato, una costura que roza o una uña que se encarna pueden lastimar sin doler. Sin dolor, sigues caminando y la herida crece. Por eso, con poca sensibilidad, tus ojos tienen que hacer el trabajo que antes hacían tus pies.
4. Revisa tus pies todos los días.
Con buena luz, mira la planta, el talón y entre los dedos; si no alcanzas, usa un espejo o pide ayuda. Busca cortes, ampollas, enrojecimiento, cambios de color o hinchazón. Antes de ponerte los zapatos, pasa la mano por dentro para revisar que no haya nada.
5. Cuidado con el calor y lo que pisas.
Prueba el agua del baño con el codo o con un termómetro, no con el pie. No uses bolsas de agua caliente ni pongas los pies cerca del calentador. Y no camines descalzo, ni en casa: con poca sensibilidad, un golpe o una quemadura pueden pasar desapercibidos.
6. Revisiones con un especialista.
Una revisión profesional ayuda a detectar a tiempo si la sensibilidad está bajando. Una de las pruebas más sencillas es la del monofilamento: el especialista toca suavemente distintos puntos de la planta con un filamento delgado y tú le dices si lo sientes. No duele y toma pocos minutos. En la revisión también se detectan zonas de presión, callosidades o uñas que pueden lastimar antes de que se conviertan en una herida. Mantener el azúcar en control y seguir las indicaciones de tu médico también protege tus nervios.
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