Cuando se habla de "pie diabético" mucha gente piensa en algo que solo les pasa a otros. En realidad hay dos momentos distintos: el pie de riesgo, cuando todavía no hay ninguna herida pero el pie ya es más vulnerable, y el pie diabético, cuando ya apareció una lesión. Saber en cuál estás te ayuda a cuidarte a tiempo.
1. Pie de riesgo: todavía no hay herida.
Es el pie de una persona con diabetes que tiene algo que lo hace más frágil: menos sensibilidad, mala circulación, callos, uñas engrosadas, dedos en garra, juanetes o una herida que ya sanó antes. Se ve "normal" y muchas veces no duele, pero cualquier roce o pequeña cortada puede complicarse. Aquí es donde la prevención hace toda la diferencia.
2. Pie diabético: cuando ya apareció una lesión.
Hablamos de pie diabético cuando ya hay una úlcera, una herida que no cierra, una infección o un cambio de color en la piel. Suele empezar con algo pequeño, como una ampolla del zapato o un callo que se abrió, y crece porque el pie no avisa con dolor. Si notas una herida así, acude con tu médico lo antes posible.
3. Por qué la diabetes pone en riesgo tus pies.
Con los años, la glucosa alta puede dañar los nervios y los vasos sanguíneos de las piernas. Al perder sensibilidad no sientes una piedra en el zapato o una quemadura, y al llegar menos sangre las heridas sanan más lento. Por eso un problema que en otra persona sería menor, en un pie con diabetes merece atención.
4. Señales que no debes dejar pasar.
Pon atención al hormigueo, el adormecimiento o la sensación de caminar sobre algodón; a pies fríos, pálidos o morados; a piel muy seca con grietas en el talón; a uñas gruesas o que se entierran, y a callos que cambian de color. Cualquier herida, enrojecimiento, hinchazón o mal olor es motivo para revisarte sin esperar.
5. Lo que puedes hacer todos los días.
Revisa tus pies cada noche, incluida la planta y entre los dedos, con un espejo si no alcanzas a verlos. Lávalos con agua tibia, sécalos muy bien entre los dedos y ponte crema, pero no entre ellos. No camines descalzo, revisa el interior del zapato antes de ponértelo y nunca te cortes callos o uñas enterradas por tu cuenta. Mantener tu glucosa en control también protege tus pies.
6. La revisión podológica como parte de tu control.
Aunque te sientas bien, una revisión de tus pies al menos una vez al año ayuda a detectar a tiempo la pérdida de sensibilidad, los puntos de presión y las uñas o callos que podrían lastimarte. Si ya tienes un pie de riesgo, conviene revisarlo con más frecuencia.
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