Pie plano y pie cavo: cuando el arco se sale de lo común

Huella de un pie descalzo en la arena

El arco del pie funciona como un resorte: amortigua cada paso y reparte tu peso entre el talón y la parte delantera. Cuando ese arco es demasiado bajo hablamos de pie plano, y cuando es demasiado alto, de pie cavo. Ninguno de los dos es raro, y muchas personas viven sin molestias, pero cuando sí dan problemas conviene atenderlos a tiempo.

1. Pie plano: el arco que casi toca el piso.

En el pie plano la parte interna de la planta se apoya casi por completo al estar de pie. Suele acompañarse de un tobillo que se va hacia adentro y de zapatos que se gastan más por el lado interno. En los niños pequeños es normal tener el pie plano, porque el arco se va formando con los años; en adultos puede ser de nacimiento o aparecer con el tiempo.

2. Pie cavo: el arco que se queda en el aire.

En el pie cavo el arco es tan alto que el peso cae casi solo en el talón y en la zona donde nacen los dedos. Por eso es común ver callos en esas dos partes, dedos en garra y una sensación de inestabilidad en el tobillo, como si fuera fácil torcerse. Al ser un pie más rígido, amortigua menos los golpes al caminar o correr.

3. Una prueba sencilla en casa.

Moja la planta de tus pies, pisa un cartón o una toalla de papel y mira la huella. Si se marca casi toda la planta, tu arco es bajo. Si la huella se ve cortada en medio, con el talón y la parte delantera separados, tu arco es alto. La prueba da una pista, pero no sustituye una revisión: el pie se comporta distinto quieto que en movimiento.

4. Señales de que tu arco te está afectando.

Pon atención si te duele el arco o el talón al final del día, si tus pies se cansan muy rápido, si te tuerces el tobillo con facilidad o si te duelen las rodillas, la cadera o la espalda baja sin otra causa clara. También si un pie se ve distinto al otro o si el arco cambió de forma con los años.

5. Lo que ayuda en el día a día.

Elige calzado firme, con buen soporte en el arco y un contrafuerte que sostenga el talón, y evita andar mucho tiempo descalzo o con chanclas planas. Los ejercicios para fortalecer el pie, como recoger una toalla con los dedos o pararte de puntas despacio, también ayudan. Si tienes sobrepeso, bajar un poco reduce la carga sobre el arco.

6. Cuándo pensar en plantillas.

Si las molestias se repiten, unas plantillas hechas para tu pie pueden repartir mejor el peso y sostener el arco donde lo necesitas. Las plantillas genéricas de farmacia no siempre corresponden a tu tipo de pisada, por eso lo mejor es que primero se estudie cómo pisas.

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